Dos formas de tributar muy distintas
Como autónomo, tu beneficio es tu ingreso personal: tributa por IRPF a tramos progresivos (del 19 % al 47 %), de modo que cuanto más ganas, mayor es el porcentaje que pagas. A eso le sumas la cuota de autónomos. Es sencillo y directo, pero a beneficios altos el IRPF puede comerse una parte muy grande.
La SL es una persona jurídica propia: paga el Impuesto de Sociedades por sus beneficios, con un tipo FIJO del 23 % (15 % los dos primeros años con beneficios). Tú, como socio que trabaja, te pones un sueldo (que tributa por IRPF) y, si quieres sacar el resto del beneficio, lo repartes como dividendos, que tributan en la base del ahorro. El juego entre sueldo, beneficio que dejas en la sociedad y dividendos es lo que permite optimizar.